Cirugia ocular

La operación con láser

Las operaciones refractarias para la corrección de los defectos de visión suelen ser ambulatorias. Es decir, no es necesario ir a ningún hospital, estando el paciente despierto en todo momento. Esto no significa que no tengan que seguir un protocolo para que la seguridad sea máxima. Como en toda operación quirúrgica, se debe pasar por tres fases: preoperatorio, intervención y postoperatorio.

El preoperatorio

Lo primero es que los cirujanos determinen la cantidad exacta de dioptrías que tienen que corregir. Después, tienen que descartar cualquier problema que desaconseje la intervención.

Una vez que se haya elegido la opción de intervención, el paciente debe seguir una serie de medidas antes del día de la operación. No se deben usar lentes de contacto al menos dos semanas antes (el tiempo varia dependiendo si son duras o blandas), ya que las lentillas pueden deformar la córnea, falseando los datos. También se debe evitar el maquillaje los días previos a la operación, para no fomentar el crecimiento bacteriano alrededor de los ojos.

La intervención

Como ya se ha comentado el paciente permanece despierto durante toda la operación. Para que el láser no moleste, el médico le aplicará un colirio anestésico, colocando después un pequeño aparato para que se mantenga el ojo abierto en todo momento, evitando el parpadeo involuntario.

A partir de este momento, comenzará la operación, siendo muy importante la colaboración del paciente ya que debe mantener fija la mirada en un punto luminoso de referencia, que suele estar indicado por el láser.

Lo bueno es que si se tienen varios problemas oculares (miopía, astigmatismo o hipermetropía) se puede aprovechar la intervención para corregirlos a la vez.

Postoperatorio

Una vez acabada la operación, se taparán los ojos operados y después de unos controles iniciales se puede ir ya a casa.

A veces surgen una serie de complicaciones, casi siempre sin importancia, después de la operación, como la pérdida parcial o total de la visión, dolores en el ojo, visión borrosa, infecciones, inflamaciones, dificultad en la visión nocturna, deslumbramientos, imágenes fantasma...

Lo normal es que pasen en los días siguientes a la intervención pero para evitarlas lo mejor es seguir los consejos de los médicos. Es decir, no frotarse ni apretarse los párpados, no ir a lugares con humo o ambientes cargados, no someterte a riesgos de golpes, no forzar la vista... Para ello, lo mejor, y si se puede, es tomarse unos días de descanso.

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